Cotopaxi

Cotopaxi: entre leyendas, récords y amores

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El Parque Nacional Cotopaxi es uno de los atractivos naturales más visitados del Ecuador continental. Este prodigio de las altas montañas, una visión perfectamente cónica que habría inspirado la sensibilidad de Frederic Church, uno de los pintores realistas más importantes de la historia del arte universal, engalana los Andes y la zona norte del Ecuador como ningún otro ícono natural. Con cielos despejados, uno lo puede, incluso, admirar desde el avión hacia la llegada a Quito, uno de los arribos más espectaculares gracias no sólo a la belleza de este pico único, sino también por la presencia de los demás colosales nevados del país. 

 

 

Sabías qué…

El volcán Cotopaxi es el volcán activo (y en proceso eruptivo) más alto del mundo. Entró en actividad en agosto de 2015, y es monitoreado cercanamente por parte del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional de Quito, que utiliza un total de ocho estaciones con equipos de GPS continuo para cubrir todos los flancos del volcán.

 

Cuentan que en la época de la Conquista, una importante crecida de enfrentamientos entre los incas y los españoles llevaría a la recordada Batalla del Tiocajas, la que, algunos creen, habría sido una de las contiendas más feroces de la época. El derramamiento de sangre, sin embargo, se interrumpió repentinamente a causa de una gran erupción de Cotopaxi, produciendo un cese al fuego y repliegue inmediato de las tropas que, algunos sospechan, determinó el destino de toda América.

 

Se sabe, por otro lado, que el inglés Edward Whymper, uno de los más laureados montañistas de la historia, habría acampado al lado del cráter humeante días antes de una de sus erupciones, y que, solo semanas después, acampando en la cima del Chimborazo, fue testigo del gran evento volcánico que ocurría un par de montañas más al norte.

 

Llegar a la cumbre de este magnífico volcán está prohibido dada la reciente actividad. Normalmente requiere de un proceso de aclimatación y el trayecto empieza antes de la medianoche para evitar incomodidades del deshielo durante el descenso. Dura entre seis y nueve horas (¡el récord de Eglof, Miranda y Vallejo registra el trayecto en tan solo dos!). A unos 300 m de la cima, se pasa por el místico y mítico Yanasacha, una prodigiosa roca negra que irrumpe del glaciar y no deja de albergar sus leyendas. Antes de que entrara en actividad, había incluso la posibilidad de caminar alrededor del cráter. Si bien Humboldt la tildó de «inalcanzable» al llegar tan solo al área donde hoy se ubica el refugio Rivas en 1802, serían el alemán Wilhelm Reiss y el colombiano Angel Escobar quienes le cambiarían la reputación al gran Coto en 1872. Cien años más tarde (1972) una expedición checo-polaca ingresaría al cráter mismo y permanecería durante siete horas dentro de él. Otro récord, no menos impresionante, fue aquel del pianista Bernard Fougeres, quien transportaría un piano a la cima, coronándola por primera vez en la historia con música.

 

 

Montañas enamoradas

 

El significado de la palabra Cotopaxi nos remite a una curiosa controversia lingüística. Algunos relacionan el nombre con una voz aymara, Cuello de Luna… pero otros se remontan al idioma cayapa, y la palabra querría entonces decir Dulce Cuello de Sol. Lleno de leyendas, este volcán es uno de los grandes protagonistas del imaginario ancestral indígena, que incluso ha legado historias de amor entre esta montaña, el galante Cotopaxi, y Tungurahua. Durante siglos, Cotopaxi intentó seducirla, Tungurahua siendo la más hermosa de todas, pero sería finalmente el coloso Chimborazo quien la conquistaría (luego, incluso, se habla de la infidelidad de Tungurahua… pero esa ya es otra historia…).

 

 

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