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¡Descubre Ibarra!

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Desde el mirador de San Miguel Arcángel, uno observa la ciudad, con sus calles rectas y sus casas blancas, arrimada a las faldas del volcán Imbabura. Desde este sitio, puedes descubrir también la espectacular laguna de Yahuarcocha, el ‘lago de sangre’ donde se perpetró la masacre de los incas contra los caranquis. Se cuenta que aquí, entre 20 a 50 mil almas fueron arrojadas a sus aguas, tiñiéndolas completamente de rojo.

 

Llegas a este observatorio natural y su monumento al ángel apocalíptico por la Avda. 17 de Julio, que conmemora la Batalla de Ibarra, librada en 1823 contra los realistas de Pasto, donde el Libertador Simón Bolívar condujo su única estrategia del que sería en poco la futura República de Ecuador. Luego, a la ciudad le sorprendería un terrible terremoto en 1868, ¡en el que perecieron aproximadamente 5.000 personas de las 7.200 que vivían en la ciudad! El entonces presidente Gabriel García Moreno la reconstruyó casi por completo en 1872, permitiendo que los 550 ibarreños que durante cuatro años se reubicaron al pueblito de Santa María de La Esperanza, pudieran volver a casa.

 

La ciudad blanca

 

Se la llama así por el color de sus fachadas. Debido a que, por clima y proximidad al lago de Yahuarcocha, existían muchos zancudos en la zona, se dice que la ciudad padeció de un importante brote de paludismo y que, por ello, la medida higiénica que se tuvo que emplear fue la de pintar todas las casas con cal. Con los años se solucionó la epidemia, pero a la ciudad le agradó el color y la distinción.

Una caminata por el centro histórico

 

En apenas cuatro manzanas Ibarra muestra lo más preciado de su centro histórico republicano. Puedes empezar la visita en el parque Pedro Moncayo y Esparza, en el que se levanta el monumento a este prócer liberal que luchó contra los conservadores durante la segunda mitad del siglo XX. Aquí uno observa el llamado “Torreón”, ícono de Ibarra, un hermoso y antiguo edificio con una llamativa torre de reloj. En algún momento fue el esbozo de un teatro de ópera inconcluso del ilustre arquitecto Francisco Schmidt, quien habría construido el Teatro Sucre de Quito.

 

Al atravesar la antigua plaza la magia de esta plácida ciudad de provincia se hace sentir, con los fotógrafos Pozos y sus caballitos de madera y sombreros mexicanos que esperan a los transeúntes que busquen tomarse una foto “a la antigua”. Al frente, en La Catedral, están la obra deslumbrante de Rafael Troya, retratista y paisajista de inicios del siglo XX. No dejes de observar el llamativo decorado barroco de los retablos. Luego de una cuadra, notarás también la Capilla Episcopal con sus cúpulas neogóticas.

 

El parque La Merced es un espacio abierto donde se ubica el renovado Cuartel de Ibarra, con torreones y ladrillo visto que llaman la atención. De aquí empieza una verdadera calle de delicias. Primero, a media cuadra del parque (calle Olmedo), están las crujientes empanadas de morocho (¡lo recomendable es bañarlas en ají de chocho!). En la esquina, entre Olmedo y Flores, están las tradicionales nogadas y arrope de mora y en la esquina de Oviedo, un postre icónico: los helados de paila de Rosalía Suárez. Tampoco puedes dejar de probar las clásicas tortillas de papa con chorizo y sus 14 locales. Otro ícono es La Esquina del Coco (Oviedo y Sucre). En apenas dos cuadras, llegas al lugar donde el ingeniero Arturo Rogers, junto a un puñado de jóvenes ibarreños empezaron la reconstrucción de la población después del terremoto de 1868. Sigue adelante hasta el Museo del Ministerio de Cultura, con su interesante colección precolombina que nos remonta al legendario Señorío Étnico de los Caranquis.

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