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Los sabores de la tierra

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El ferrocarril del Ecuador realmente revela la increíble dimensión y potencial agrícola de Ecuador. A medida que avanzamos desde los altos Andes a las laderas andinas y finalmente hacia las llanuras de la costa, podemos experimentar y observar no solo cambios claros en el clima y los paisajes, sino también una asombrosa variedad de frutos de la tierra, algunos de los cuales son cultivados junto a las rieles.

 

Ruta de comercio de la Era Moderna

 

Si bien el tren ha transportado un gran número de personas (hoy incalculable) de un lado a otro de Ecuador, han sido más los granos, cultivos y animales cargados a sus vagones los que han podido ser transportados de un lado a otro de la . El tren se convirtió rápidamente en el medio de transporte fundamental para la comercialización de los productos de la tierra.

 

Pero casi al mismo tiempo en que la totalidad de la ruta ferroviaria entre Quito y Guayaquil fuera completada y entregada a la sociedad, una trágica epidemia aniquilaría de raíz a la industria, a esas alturas, más rentable de la historia ecuatoriana: el cacao. El infortunio –en aquellos primeros años la industria cacaotera habría tenido, incluso, su incidencia en el nacimiento y utilidad del ferrocarril– hallaría su justo relevo gracias a una sorprendente variedad de productos agropecuarios cultivados a lo largo y ancho del país. El tren revelaría esta sorprendente dimensión agrícola.

 

A partir del día en que empezaron los trayectos desde los Andes hasta la costa litoral, la oportunidad de mercar y trasladar productos de todos los rincones de esta rica tierra cambió, para siempre, al Ecuador.

 

Muchos agricultores apostaron sus plantaciones, sus cultivos, sus granjas, sus centros de acopio contra las rieles. El ferrocarril hacía, incluso, escalas no programadas para cargar los vagones de productos desde las plantaciones mismas. Aún ahora, incluso luego de años y años de un trayecto ferroviario irregular, somos testigos de la sorprendente diversidad productiva del país que continúa pintando los campos a cada lado de las rieles. Más que cualquier carretera, son éstas las que mejor ilustran la fabulosa realidad agrícola de Ecuador.

Molinos de trigo, ingenios de azúcar, plantaciones de piña, arrozales, platanales en la costa, al igual que una regenerada industria cacaotera, continúan escoltando la vía férrea.

 

En la sierra, las rieles cruzan totora y ganado, maizales, sembríos de papas y chochos, de quinua y de granos, asimismo invernaderos de rosas, la industria ecuatoriana más provechosa de los últimos años. Los paisajes son dominados por los colores, formas y ambientes de cada cultivo, desde los animados y fértiles arrozales a las planicies aparentemente yermas de los sembríos de piña, desde las flores moradas de la papa hasta los sublimes campos de quinua, cuyas extensiones parecen un colorido tejido indígena de moteados fucsias, verdes, amarillos, entre los otros mil tejidos que conforman el maravilloso mosaico de la Pacha Mama en tierras, colinas, planicies, páramos, marjales y pantanos de nuestro Ecuador.

 

Como parte de los esfuerzos del ferrocarril ecuatoriano para valorar todas las tradiciones del país, la gastronomía no podría quedar fuera, sin duda, y así como para atraer a una larga lista de proveedores a su esfera de influencia, es posible degustar muchos de estos placeres en viajes cortos y largos del tren.

 

Los bocaditos servidos en el Tren Crucero son un buen ejemplo. Se trate de choclo con habas y queso, tamales, chocolate, deliciosos jugos frescos, café ecuatoriano, delicados dulces tradicionales o platos fuertes como un buen estofado de cordero o un ceviche fresco, este viaje de lujo es tanto sobre lo que comes de los frutos de la tierra que atraviesas como sobre disfrutar de los paisajes y conocer a la gente.

Toda la comida es preparada por proveedores locales que Ferrocarriles ha formado para garantizar la mejor la calidad, además de proporcionar fuentes estables de ingreso para familias enteras.

 

En las rutas y estaciones, cada Café del Tren ofrece un surtido de productos locales, con platos fríos y calientes, así como infusiones, café recién hecho y jugos. Los cafés son administrados por empresarios locales y siempre sirven comida de la región que los rodea.

 

En los altos de Urbina, por ejemplo, el Café del Tren sirve pan recién horneado, una “horchata” de hierbas y choclos, simples pero deliciosos, mientras que el helado es servido por miembros de la familia de Balthazar Ushca, el conocido “último hielero”; está hecho de mora y el hielo de los glaciares del volcán Chimborazo.

 

En el Tren del Cacao, desde Guayaquil hacia el este, puedes esperar, por supuesto, mucho chocolate, así como la oportunidad de conocer la industria mientras visitas una plantación con cientos de deliciosas y preciadas mazorcas. Las piñas servidas a lo largo de esta y otras rutas costeras también son locales (e inolvidablemente suculentas).

 

Ferrocarriles de Ecuador realmente refleja el ricos y variado paisaje culinario del país, sin importar qué tramo viajes.

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