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El tren más difícil del mundo

Archer Harman y su hermano John, los ingenieros que en últimas instancias se aventuraron hasta Ecuador para construir el ferrocarril ecuatoriano que llegaría a conocerse como el tren más difícil del mundo, llegaron hasta nuestro país por coincidencia.

 

Cuentan que cuando Luis Castro, encargado de recaudar fondos para las obras del tren, visitó su cafetería favorita en Nueva York, Archer Harman se encontraba en el lugar jugando billar. Luego de una breve conversación entre mesas, durante el cual se presentaron y Archer contó con no poca pompa que era un laureado ingeniero, Luis Castro le preguntó si estaría interesado en participar.

 

¿Habrá aventuras?” preguntó Archer con picardía.

A Archer Harman le tomó cinco días completos para llegar de Guayaquil a Quito, explorando el terreno que lo convertiría en uno de los ingenieros más audaces de la historia. La mayor parte del tramo del litoral (desde Yaguachi a Chimbo) se había iniciado durante la presidencia de García Moreno, pero desde su asesinato, había quedado olvidado, con grandes segmentos de la ruta intransitables por la vegetación tropical que le había crecido encima.

 

Pasaron casi diez años hasta que Jameson Kelly fue contratado para continuar las obras. A este ingeniero británico le debemos la línea Yaguachi-Durán, los puentes diseñados y construidos por Gustav Eiffel (tres años antes de que el arquitecto erigiera su obra maestra, la Torre Eiffel) que él incorporó en la vía férrea, los primeros teléfonos del país (ubicados para uso operacional en las estaciones), y el trabajo inicial hacia los Andes entre Chimbo y Sibambe. Los Harman fueron entonces invitados a terminar lo que Kelly había empezado…

 

El primer gran reto que enfrentarían los Harman una vez comenzados los trabajos fue que la ruta de Kelly, a través del bosque subtropical, había desaparecido casi por completo a raíz de un invierno particularmente despiadado.

“¿Qué hacemos ahora?” preguntó Archer a Eloy Alfaro. El recordado líder liberal famosamente respondió: “primero, tomémonos un trago de whisky para espantar al diablo”.

 

A continuación, en carta del 4 de marzo de 1900, los Harman ofrecían su solución: la ruta Davis.

 

Henry Davis moriría de insolación poco después de ofrecer esta alternativa… la que era, en realidad, un tanto cuestionable. Consideraba que desviarse por el poderoso río Chanchán, que nace de los glaciares del Chimborazo, hasta Bucay, y luego hasta Sibambe, evitaría las dificultades encontradas en la ruta inestable de Kelly. La distancia era mayor… la pendiente más empinada… Sin embargo, tan pronto como se confirmó la decisión –tras la insistencia de los estadounidenses que administraban las obras– éstos se apresuraron por comprar las tierras en la zona de Huigra, por donde pasaría la vía férrea, asegurándose astutamente que las rieles pasaran justo en frente de sus propiedades

 

Rehacer este segmento de la vía férrea, por supuesto, fue un trabajo descomunal… además de difícil y peligroso.

 

Pero no era nada en comparación con lo que les esperaba luego de Sibambe. En algún momento había que sortear el escollo principal de toda esta epopeya: subir la cuesta inclemente de los Andes. Sin más opciones, se ideó la estratégica riel en zigzag para trepar la montaña que hoy conocemos como la Nariz del Diablo. Los entornos terminarían siendo el lecho de muerte de innombrables trabajadores, muchos de ellos jamaiquinos contratados específicamente para dicho efecto. También moriría John Harman, cuya tumba fue cubierta por la tierra de numerosos derrumbes (solo recientemente hallada de nuevo en Huigra).

 

Archer, en cambio, moriría ya de regreso en Estados Unidos al caerse de su caballo, al que llamó “Ecuador”. Triste, catastrófica o irónicamente, perecieron estos artífices del tren más difícil del mundo, que sobrevivió para convertirse en una de las hazañas colaborativas más importantes de la historia ecuatoriana.

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