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Otavalo, un pueblo con historia

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Desde sombreros a faldas tradicionales, pulseras, cintas y cinturones, fundas de almohada, mantones, tapices, canastas y alfombras… y, por supuesto, el ubicuo poncho azul otavaleño, es el Mercado de Artesanías de Otavalo uno de los escaparates más vistosos e importantes de la cultura andina. Sin duda ha hecho de esta pequeña ciudad provincial una capital de artesanías indígenas, además de ser uno de los principales destinos del Ecuador.

 

Un mercado de ciudad…

 

Otavalo es el tipo de lugar que todo el mundo te dice que debes conocer y que si no lo has conocido… ¡qué estás esperando! Podría fácilmente ocupar el segundo lugar después de Cotopaxi en términos de sitios turísticos más visitados en el Ecuador continental. Y hay una razón simple. Los sábados, la ciudad se convierte en el mercado indígena más grande de América del Sur.

 

Los visitantes llegan para mercar sus sus artesanías y demás mercancías tradicionales en la plaza de ponchos, y en las muchas calles que conducen hasta ella. Tiene lugar desde las 9h00 hasta las 14h00, momento en el cual ya los vendedores han empacado sus productos, o están en el proceso de hacerlo.

 

La ciudad, sin embargo, se pone en actividad mucho antes en el fascinante mercado de animales, que comienza antes del amanecer. Otro lugar para echar un vistazo es el colorido mercado municipal, donde encontrarás grandes variedades de frutas y verduras de todos los colores y todos los tipos, cultivos de esta región tan fértil!

 

Mercado de animales

Guiados más o menos pacíficamente de una cuerda por sus propietarios, llamas, cerdos, cabras, ovejas, caballos y demás animales llegan desde los terrenos circundantes a las extensiones barrosas de las afueras del pueblo. Son apenas las 6 de la mañana. El regateo se realiza sin mayor inconveniente, pero acaloradas discusiones pueden surgir sobre el precio de una gallina o un conejo. Los famosos “cuyes”, conejillos de indias, no son mascotas. Se los merca por más o menos un dólar, son asados y servidos como una exquisitez de la zona.

Qué comprar

La pregunta no es tan fácil como parece. Tal vez te llame la atención una quena o un charango con armazón de armadillo (la diminuta guitarra de diez cuerdas común de todas las naciones andinas), o un colorido y lanudo poncho de llama o alpaca, una colorida obra naif que representa el estilo de vida, fiestas y maravillas naturales del mundo andino, o llamativos tapices de colores para mesas, paredes, alfombras esponjosas o las hermosas cuentas de oro que las mujeres otavaleñas visten en el cuello para reflejar su importancia… Lo cierto es que si bien en el universo alborotado de Otavalo, muchos de los ítems individuales se pierden en el colorido, cuando llegan a casa, se destacan por su color y belleza.

 

Una moda única  

Algunos creen que los otavaleños son lo más cercano que tenemos a la vestimenta incásica. Otros creen, inclusive, que los otavaleños fueron traídos por el inca Huayna Capac para poblar a Cayambe y aculutrar a los orgullosos grupos dominados. Lo único que sabemos, sin embargo, es que los otavaleños son muy elegantes, orgullosos de su cultura y vestimenta, con cuentas de oro alrededor de sus cuellos que indican jerarquia entre las mujeres y hermosas blusas bordadas. Los hombres visten ponchos azul marino, pantalones claros y pelo característicamente largo y trensado…

 

 

Cómo nació el negocio

Según varios testimonios, hay un año en particular—1917 —en el que todo comenzó. Un aristócrata quiteño se habría acercado un día a un tejedor del área para que imitara los sacos escoceses (o casimires) tan de moda en su círculo de amistades. Este individuo logró imitarlo y empezó la industria. Otros cuentan otra historia un poco más comprometida: que un propietario de hacienda encerró a dos tejedores en una celda hasta que pudieran imitar el tejido escocés a la perfección, posteriormente encerrando a más otavaleños para que aprendieran la técnica. También se piensa que los tejidos fueron imitados de forma independiente por otavaleños que querían entablar negocio con blancos y mestizos en Quito, quienes acostumbraban importar los “casimires” pero que, debido a la Primera Guerra Mundial, se volvieron escasos en el Ecuador. Lo que claramente une las tres versiones (aparte del marco de tiempo) es que los otavaleños ya eran considerados maestros artesanos, dotados de la capacidad de trabajar los telares a su arbitrio y favor, sacando provecho de la industria del tejido y transformándolo en lo que es hoy en día.

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