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Riobamba, ciudad entre montañas

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Uno puede fácilmente visitar Riobamba iniciando en su gran avenida medular, la Daniel León Borja, el vestíbulo que recibe a sus visitantes. Uno primero pasa por el parque Guayaquil, (asentado sobre la antigua hacienda Quinta Concepción) con sus espacios verdes y laguna, juegos para niños, su “vaca cebra” (obra del recordado artista ecuatoriano Gonzalo Endara Crow) y un moderno segmento temático llamado Tahuantinmío, que se basa en los “cuatro mundos” del Ecuador. El Estadio Olímpico, el primero en esta categoría en el país, se asoma por sobre las construcciones. Algunos de sus muros de piedra son los originales de aquel construido para las Olimpiadas de 1926, momento en el que por primera vez una multitud de más de 10.000 personas se recogía en un solo lugar en Ecuador, ¡algo impensado para la época!

 

La León Borja despliega un ecléctico escenario de restaurantes y bares, y ha sido predilección de jóvenes que se pasean en sus autos o a pie para ver y dejarse ver. Los días pueden terminar en Rayuela, conocido por antonomasia como el “Resto-Bar”, el lugar ideal para un refresco o café, con música en vivo los viernes en la noche. También debes detenerse para una palanqueta con mortadela en La Vienesa, (hay una en la avenida León Borja y otra en la Larrea) antes de llegar a la emblemática arteria 10 de Agosto, donde se encuentra la estación del tren. La interesante historia en este sentido es que Riobamba estaba excluida del trayecto ferroviario original y solo en 1924 logró que el tren se desvíe para convertirse en bisagra de la ruta, el punto céntrico y obligado de quienes atravesaban el país. No solamente llegaron los olorosos frutos del trópico, sino los viajeros, pasmados ante la imponencia del Chimborazo con sus 6.268 msnm.

 

Algunas joyas históricas

 

Continuando por la calle curiosamente llamada “la Primera Constituyente”, que recuerda que en esta ciudad se fundó el país y, como muchas cosas sucedieron por primera vez aquí, se la conoce como Ciudad de las Primicias. En el parque Sucre se divisa la fabulosa estatua en honor a Neptuno, el dios del agua, colocada en 1913 a propósito de la inauguración del servicio potable.  Dos cuadras más adelante, en el parque Maldonado, la estatua conmemorativa de esta figura histórica se eleva sobre un cóndor con las alas abiertas a sus pies. Es obra del mismo escultor que hizo el Monumento a la Independencia de la Plaza Grande en Quito. La plaza está rodeada de estoicos edificios, algunos de ellos con techos de latón repujado que llaman la atención. La casa de la Independencia, el Municipio, la Gobernación, el Banco de Préstamos, el recientemente restaurado edificio donde opera el SRI, engalanan con brío la joya de la cuadra: La Catedral de Riobamba. A primera vista, este hito de la ciudad asombra por su frontispicio, construido con las mismas piedras barrocas de la antigua iglesia matriz, recuperadas del terremoto de 1797 por el ferviente párroco José María Freile, quien la entregó lozana en 1835. Es un templo hermoso y lleno de paz.

En la calle José Veloz, está la iglesia neogótica de La Concepción, también conocida como Iglesia Colorada, con sus ventanas con arco ojival y vitrales. Al igual que sus torres se destacan los motivos decorativos de tréboles o cuadrifolios (cuatro hojas), además de rosetones, en una arquitectura de zócalo de piedra y ladrillo visto, que le confiere su color rojizo. Acaso por eso el lugar de enfrente se llama Plaza Roja. Visita el torno y el refectorio del Señor de la Justicia, al igual que el Museo de las Conceptas en la calle Orosco

 

Los jueves hay competiciones de la “mamona”, un tenis improvisado que se juega con mano en vez de raqueta. Y los sábados, una verdadera explosión de colores se despliega, con las artesanías indígenas de la provincia engalanándolo todo, un mercado único que, curiosamente, no es muy visitado. Aún es posible observar oficios casi extintos, como el de los “remendones” y sus máquinas de coser que arreglan las indumentarias maltrechas. El visitante atento puede observar, además, a algunas indígenas que hila la lana en husos, mientras un poco más allá se expenden comidas populares.

 

En las calles De Velasco y Benalcázar está la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús. Al frente está el parque de La Libertad con un monumento a otra figura de Riombamba, el jesuita Juan de Velasco, el primer historiador de la entonces Real Audiencia de Quito, quien urdió en sus relatos a veces fantásticos, propios del espíritu criollo en busca de identidad, las huellas del futuro Ecuador.

 

A comer

 

Hacia el mediodía, es hora de ir al mercado de La Merced para probar un clásico riobambeño: el hornado. Los cerdos son asados en hornos de leña con sus respectivos secretos, como empezar a cocinarlos a las dos de la mañana para que, al cabo de cinco horas, estén crujientes, o adobarlos con ajo, comino, pimienta, achiote, un poco de ajonjolí y nuez moscada. La algarabía de las expendedoras es digno recibimiento, con saludos y obsequios de degustación. El suculento plato se acompaña con llapingachos y el infaltable jugo de frutas con hielo, llamado también rompenucas por el efecto que provoca el frío al tomarlo. Según dicen, proviene de los glaciares del Chimborazo.

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